Un lugar para no olvidar

Hay lugares en el mundo en los que uno se da cuenta de lo inmensamente pequeño que es. Esta es la sensación que cualquiera puede experimentar desde la cima de la gran Duna de Pilat (Dune du Pilat), en el suroeste de Francia. Es la formación de arena natural más elevada de Europa y uno de los espacios naturales protegidos más visitados de este país.

La Gran Duna de Pilat y su entorno, considerados un ecosistema de valor excepcional asociado a la red Red Natura 2000 de la Unión Europea, son el centro de atracción turística más destacado de la región y uno de los más importantes del país, acogiendo entre 1 y 1,5 millones de visitantes anuales.

Con una cumbre de 104 metros sobre el nivel del mar, la Duna de Pilat se conoce como la reina de las dunas por su imponente dominio sobre la costa. Desde su cima se puede ver como ejércitos de estacas, llamadas ‘pignots’, desvelan la situación de los cultivos de ostras, muy numerosos en la zona.

Antes de llegar a la duna, sorprende ver sobre el mapa una enorme extensión de verde que nos anuncia una vegetación frondosa y que se pierde en el horizonte. Se trata de Las Landas, el mayor bosque de Europa de pinos marítimos, unas 600.000 hectáreas que contrastan con la dorada arena de la duna.

Para subir a la duna, unos escalones artificiales facilitan el camino. Los más intrépidos pueden ascender directamente por su ladera, o lo que es mucho más divertido, bajar, aunque se recomienda hacerlo en diagonal, porque se pueden alcanzar velocidades peligrosas en caso de caída. La pendiente ofrece grandes emociones que no desaprovechan los surfistas de todo el mundo que acuden a la zona, para dar caza a las gigantes olas atlánticas, pero es habitual ver a algunos grupos de jóvenes hacer un alto y surfear en las laderas de la duna.

La formación de la duna está en continuo crecimiento ya que se mueve a una velocidad de cuatro metros al año y ya ha engullido a un hotel y partes de un camping cercano. Los expertos calculan que en cien años, habrá llegado a la carretera de acceso.

Desde lo más alto  las vistas son impresionantes y la belleza natural y paisajística que podemos contemplar es indescriptible.

Si algún día tenéis la ocasión de visitarla seguro que os sentiréis como pequeños pajaritos volando sobre la madre naturaleza. Mientras tanto aquí os dejamos unas imágenes.

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