A veces hay que parar para reflexionar

Hoy tenemos más posibilidad de viajar que nunca y cada vez viajamos más y más lejos, el mundo  se encuentra a un click de distancia, pero ¿realmente sabemos viajar?

Habitualmente relacionamos el viajar con el ocio y el descanso, pero hay una función de los viajes que va más allá de la simple diversión: el aprendizaje.

El viaje puede constituir una experiencia educativa de aprendizaje fundamental, ya que nos permite conocer otras culturas, otros modos de hacer, de pensar, de relacionarse, etc. y al mismo tiempo nos permite reflexionar sobre nuestra propia forma de vida.

Los viajeros ilustrados del siglo XVIII ya viajaban con la intención de aprender, de mejorar su educación,  pero en la actualidad,  el viajar se ha podido convertir, en  una víctima de esta sociedad de consumo de la que formamos parte hoy en día.

Por otra parte, la mayoría de la población prefiere ir de viaje cuanto más lejos mejor, (y a veces no se conoce ni el pueblo de al lado) porque esto aporta un caché ante el círculo de amistades y conocidos que eleva el ego hasta lo más alto.

Por supuesto, cada uno es libre de elegir el tipo de viaje que más se adapte a sus necesidades y preferencias, pero recordad: también podemos disfrutar aprendiendo.

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