La dimensión social

Siempre se habla de los beneficios del  turismo, que si es un dinamizador  económico del destino turístico, que si reparte la riqueza de una forma más equitativa entre la población, que si sirve para disminuir la pobreza…

En fin, que se supone que la llegada del turismo es una de las mejores cosas que le puede pasar a una zona deprimida, como si de un Mr. Marshall cualquiera se tratara, pero es que nos cuesta tanto encontrar buenos ejemplos de este efecto dinamizador que algunos ya piensan que es un bulo o, en el mejor de los casos, una simple esperanza.

Pues bien, hace ya unos meses, un alumno de Alojamiento, José María Rivera, nos puso en el foro de la unidad que trabajábamos en aquel entonces, este maravilloso ejemplo de cómo el turismo puede contribuir a salir de la pobreza y de la marginación a una comunidad.

El ejemplo en cuestión se llama Hotel Taselotzin, está en el corazón de la sierra de oriente en el Estado de Puebla, Méjico, y es parte de un proyecto para intentar sacar de la marginalidad a las mujeres  nahuas. Además, es un eco-hotel. ¿Quién da más?

Seguramente hay ejemplos más cercanos, pero no quería dejar pasar la oportunidad de agradecer públicamente a José María el habernos dado la oportunidad de conocer que hay otros modelos de desarrollo económico y social, más justos para con los seres humanos y para con los que comparten con nosotros el planeta.

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